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¿Una lesbiana reconvertida?

¿Una lesbiana reconvertida?



Me llamo Roberto. Soy un chico de 28 años y trabajo en una empresa de telefonía. Llevo un tiempo sin pareja, ya que terminé bruscamente una relación bastante tormentosa y por el momento no quiero ningún compromiso. En este punto de mi vida, estoy cómodo saliendo de vez en cuando y saciando mis ganas de sexo con rollos de una noche. Rubias, morenas, tetonas, planas, jóvenes, maduras en celo… Puedo seleccionar el perfil que prefiera y nadie me diría nada. Mi libertad sexual es mi gran tesoro. Incluso hay noches donde tuve mucha suerte y pude añadir una segunda chica a mis relaciones. También soy bastante asiduo a las redes sociales de citas. Lo probé varias veces y quedé gratamente sorprendido. Me va bien, no tengo un gran sueldo, pero me da para vivir y poder mantener mi cuerpo en el gimnasio.

Mi compañera más habitual de trabajo es Jessica. Tiene 23 años y es lesbiana. Jessica mide aproximadamente 1,64 cm, tiene el pelo corto y de color negro. Su cara es bastante fina y tiene una piel increíblemente suave. No tiene demasiado pecho, pero sí un gran culo respingón. No es excesivamente femenina, pero dentro de lo que cabe es bastante atractiva. Siempre dice que se hizo lesbiana porque de pequeña vio por accidente una violación en una película y supo que los hombres eran unos cerdos. Y que ella no quería saber nada de eso. Jessica sí tiene pareja, se llama Anelise y es francesa. Sus padres trabajan en la embajada francesa en Madrid y ella vive en España desde hace 5 años. Anelise es mucho más femenina. Es un pelín más baja que Jessica, pero con una cara de ángel tremenda y unas buenas tetas, su culo es normalito.

Tengo mucha confianza con Jessica y, de vez en cuando, me cuenta sus problemas e inquietudes sexuales. Me cuenta que Anelise es una bomba en la cama y que es tan pasional que muchas veces la deja exhausta. Las francófonas siempre fueron muy entregadas. Últimamente, Jessica me dice que vive en una rutina un tanto aburrida. Es joven y hacer siempre lo mismo le empieza a caer algo pesado. Yo le comenté si había probado, por ejemplo, buscar otras parejas lesbianas para añadir pimienta a su relación. Ya sea con todas juntas o intercambiando pareja, pero ella me dice que las lesbianas tienen demasiado sentido de la pertenencia y que ver a su pareja con otra persona les vuelve agresivas. Nunca supe realmente qué aconsejar.

Un día, mientras tomábamos café en la cafetería del trabajo, ella me insinuó algo que me dejó blanco. Llevaba tiempo dándole vueltas a lo de acostarse con un chico, pero no quería hacerlo con alguien desconocido y de sus amigos no se atrevía a pedírselo a nadie. Así, sin más, me lo dijo:

« Roberto, te voy a pedir algo muy serio y me gustaría que te lo tomases sin ofensa: llevo un tiempo queriendo tener sexo con un chico, pero no me atrevo con nadie. ¿Te gustaría tener una sesión de sexo conmigo? ».

Creo que casi derramo el café por toda la mesa del sobresalto. « ¿Por qué quieres hacer eso, Jessica? Eres lesbiana. », le dije. « Quiero explorar nuevos mundos », me confesó. Yo sabia de su odio a los hombres en óptica sexual, pero tras un momento de duda, acepté. Quedamos en mi casa para cenar el sábado por la noche. Me pidió alta confidencialidad. Por supuesto, su novia no podría enterarse, ella pondría la excusa de una cena entre compañeros de empresa para evitarla. No volvimos a hablar de ello en toda la semana.

Sinceramente, yo pensé que tarde o temprano se arrepentiría y anularía la cita. Pero no, allí estaba yo el sábado por la noche terminando de preparar la cena cuando sonó la puerta de casa. Estaba muy guapa. Como dije, no era excesivamente femenina, pero se maquilló muy bien y tenía puesto un vestido rojo que le quedaba genial. Nunca me había despertado interés, pero cuando la vi, noté que sería una gran noche. Me confesó que estuvo cerca de abandonar, pero se armó de valor y llegó puntual a la cita. La cena estuvo muy bien, nos mirábamos con pasión mientras me avisaba que solo quería hacer esto para probar. El vino nos fue subiendo. Yo cada vez sentía más atracción y ella no quería hacerme sentir mal por ser su conejillo de indias. Tras la cena, fuimos al sofá. Ella se cortó un poco y no sabía muy bien cómo empezar. Le dije que estaba todo bien y que me pondría delante de ella para desnudarme y comprobar si le atraía lo que estaba viendo.

Nunca había hecho algo así tan preparado, pero pude quitarme la camisa con cierta sensualidad. Mi físico le impresionó. Pasó sus manos por mis abdominales y noté cierta excitación por su parte. Me desabroché los pantalones y los dejé a medio caer, insinuando el calzoncillo y la forma de mi pene que ya estaba erecto. Ella ya se acariciaba el pecho. Le tuve que agarrar una mano y llevarla a la parte superior de mi calzoncillo, el bulto que palpaba le gustó. Le dije que pasara su lengua y ella obedeció sin rechistar. Mi polla ya estaba a mil y empezó a asomar por encima del calzoncillo. Retiré el slip y desplegué mi masculinidad delante de ella. Se asombró. No pudo resistirse y empezó a besarlo levemente. Primero por el capullo y poco a poco bajando por el tronco de mi pene erecto. Desplegó su lengua y me hizo un buen enjuague. Ella ya se acariciaba su coño. Cuando mi polla ya estaba mojada, se la metió en la boca.

Su mamada fue de muy buen nivel. Sabía marcar el ritmo y lo hacía todo sin manos. Algo que me llamó la atención. Eso me permitió, de vez en cuando, agarrar su nuca y follarme su boca con celeridad. Yo estaba ya muy cachondo. Al cabo de un tiempo le tuve que pedir que también me masturbase. Ella accedió y se sorprendió al palpar mi flujo pre-seminal, algo que lamió con suficiente perversidad.

Le comenté que quería follarla y ella rápidamente accedió. « Para eso estoy aquí », se sinceró. La desvestí y, antes de follarla, le chupé intensamente sus pezones. No tenía mucho pecho, pero el suficiente para poder jugar con él, eso sí, sus pezones eran muy pronunciados y los tenía durísimos. Como estábamos recién terminados de cenar, agarré el bote de la nata y se lo eché en sus pezones. Pude succionar y lamer con gran pasión. La situación hizo que se estremeciera y le afloraran esas pequeñas rugosidades alrededor del pezón, algo que me excitó todavía más.

Acto seguido, le quité la braguita y llegó el momento de la verdad. Escupí sobre mi pene, extendí la saliva y empecé a pasar mi polla por sus labios vaginales. Su cara era de expectación, cuando no pude resistir más, se la metí hasta el fondo. Ella jadeó con fuerza y se agarró a mí. Progresivamente empecé a incrementar la velocidad de mis embestidas. La follé con intensidad. No estaba acostumbrada a eso y tuvimos que parar un par de veces. Breves parones que rápidamente reiniciamos porque su coño estaba muy caliente. En mi polla empecé a notar sus flujos más personales, no paraba de jadear con una perra en celo. Misionero, la vaquera, el perrito… Pasamos por distintas posturas y ella seguía disfrutando. Su culo respingón me cegaba. Lo tenía muy esponjoso y no podía evitar darle cachetazos de vez en cuando. Intenté abrir la vía del ano, follarme ese culo hubiera sido épico. Pero se negó, me dijo que por ahí no estaba preparada. Pese a todo, no me importó demasiado.

Y llegamos al momento delicado de la noche. En pleno éxtasis, le sonó el teléfono, era Anelise. Tuvimos que parar, aunque yo tenía una empalmada que no podía desaprovechar y seguí masturbándome. Jessica atendió el teléfono, no discutían pero la conversación era tensa. Noté su disgusto así que debía actuar. Empecé a pasar mi lengua por sus muslos en dirección a su coño. Se le abrieron los ojos como platos, intentó apartarme, pero no quería hacer ruido para que Anelise no sospechase nada. Finalmente, llegué y me lancé de cabeza a su clitoris. Lo tenía muy sensible y muy húmedo. Mi lengua hizo el resto. Jessica no se podía contener:

« Estamos terminando la cena, cariño, enseguida vuelvaaaay, uf… »
« Jessi, ¿estás bien? ¿Te pasa algo?
« Sí, sí, estoy bien… Es que la salsa creo que me sentó ufff, aaaah, aaahh… Ayayaya »
« ¿Jessica?

Me puse de pie y le planté mi polla erecta y caliente delante de su cara, no pudo reprimirse y empezó a mamar. Por varios momentos tuvo que apartar el teléfono para que Anelise no escuchase el ruido de la succión.

Yo estaba demasiado excitado por la situación de la llamada y cuando casi se estaban despidiendo… Sucedió. Descargué una espesa corrida sobre su cara y salpiqué incluso su caro teléfono. Ella no pudo evitar un gemido de lujuria y repentinamente su cara cambió. Anelise le había colgado. Me insultó, pero se limpió la cara con sus dedos y se los chupó. Por tanto, no le había disgustado para nada. Acto seguido, terminó de limpiar mi polla con su lengua. No sé si le creé un problema o un alivio con Anelise. Lo que sí sé es que últimamente tiene muchas ganas de cenar conmigo.

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