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Opositando a celador

Opositando a celador



Finalizada la campaña de verano como repartidor, me tocaba buscar otros trabajos, pues el dinero se agota rápidamente.
Mi colega me avisó que iba a haber oposiciones para varios grupos: de peones sin estudios y de celadores.
Fui a entregar la documentación a la oficina de registro oficial por la tarde.
Había un atasco del copón, y llegué con el tiempo justo a punto de cerrar, cogí mi número y esperé mi turno, yo estaba de mal humor por el tiempo perdido.
Llegó mi turno y me dirigí al mostrador, mientras avanzaba por el largo pasillo, observé que todos los funcionarios se estaban marchando,- Llegué a mi mostrador y entregué la documentación, me la sellaron y me dieron el resguardo y una voz al otro lado del mostrador me dijo: -Buena suerte.
En ese momento caí en la cuenta de que ni había saludado-
-Buenas tardes, disculpa pero ni la he saludado y además veo que eres la ultima en marcharte por mi causa. Ahora si me fije en ella, era una chica joven, menos de 30, algo gordita y grandota, pero con una carita muy dulce.
-No pasa nada, no puedo irme antes, y como no tengo planes.
-Si te apetece yo te invito a tomar un refresco, por haberte quedado por mi causa. Lo dije mas por cortesía que por otra cosa, nunca habría pensado yo que una moza joven le apeteciese tomarse algo con un maduro como yo.
-Pues sí que me apetece tomar algo y charlar, pero aquí cerca no hay nada donde parar.
Os prometo que fue en ese instante cuando me fijé en su blusa blanca y en el sugerente canalillo que mostraba, entonces decidí que aquella buena moza bien se merecía mi atención
-Yo tengo el coche en el parking y nos acercamos al centro de la ciudad o al centro comercial, como tú prefieras.
-¿Qué plaza de aparcamiento tienes? –dijo, casi susurrando.
-En la segunda planta la 237, un Ford fiesta azul. –Respondí yo también en un susurro.
-Espérame en el coches en 10 minutos estoy allí. Mientras me guiñaba un ojo y me sonreía. Se acercó al mostrador para decirme esto, y yo me debí ponerme colorado al contemplar su ahora más abierto escote y ver como asomaba parte de su lencería de color rosa y parecía que sus pezones se marcaban un poco bajo la blusa.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y me pene comenzó agitarse, eran muchos los días de abstinencia.
Después de casi 15 minutos, de espera, comenzaba a dudar que viniese y se hubieses echado atrás a última hora.
-Toc, toc, tocaron en la ventanilla del acompañante y la vi de nuevo mostrando una sonrisa, y como su escote era ahora más bonito, y grande se había soltado un botón más de la blusa; creo que inconscientemente hasta me relamí los labios.
-Está abierto.
Dejó su maletín en el asiento trasero y pude adivinar un opulente trasero y unas hermosas nalgas bajo aquella falda oscura que le llegaba por debajo de la rodilla.
-Tengo que dejar el maletín en mi apartamento, es cerca y tengo plaza de aparcamiento. Si puedes llevarme y te apetece puedes subir a tomar un café, no tengo nada de alcohol y me apetece tomar un chupito de licor café.
-Se yo donde venden uno muy bueno y queda cerquita.
Al regresar al fiesta, con la botella de licor y un par de cositas más. Ana me esperaba en el coche, pero su falda larga falda mostraba ahora sus muslos casi al completo.
-Bonitas piernas y bonita toda.
-Eres un zalamero, me gusta.
-El viaje de apenas 5 minutos me contó un poco de su vida, que tenía 26 años y que llevaba uno trabajando en la oficina del registro. Su novio de toda la vida se había quedado en el pueblo y la había dejado en las navidades, desde entonces estaba sola le parecía que se había vuelto invisible para los hombres. Pero había decidido que esa semana ponía fin a su celibato
-Pues yo te he visto hoy y te he encontrado muy linda y sensual.
-Anda ya, si ni te has fijado en mí hasta que yo te he hablado, ni te enteraste cuando me abrí los dos botones de la blusa delante de ti.
-Tienes un punto de razón pero yo venía envuelto en mis problemas y al verte decidí aparcarlos.
-Me llevé una alegría al ver que tu excitación al ver mi escote y luego casi te caes en él cuando me he inclinado sobre el mostrador.

-Vivía en un apartamento con ascensor directo desde el garaje, con salón comedor, cocina y dormitorio.
-En la cocina hay vasos y en el frigorífico hielo.
Cogí un par de vasos en el fregadero y unos cubitos de hielo en el congelador, abrí el paquete con los mini pastelitos que había comprado, lleve todo al salón donde solo había un gran sofá una mesita baja y al lado del sofá una mesa camilla con una foto de Ana lo que sería su familia, el padre, la madre y una hermana.
-Jodeerrr, exclamé al verla salir del dormitorio, se había quitado la falda y venia con tan solo una braguita culote y la blusa blanca casi totalmente abierta, sobre la que destacaban los pezones levantaditos. Mi polla pegó un brinco dentro de mis pantalones. Que pedazo de hembra tenía yo ante mí.
Se sentó a mi lado en el sofá, cogió uno de los vasos y se bebió el contenido de un trago.
-Despacito, que te va ha hacer daño, y aún no está bien frio que es como está más rico. Y le pues más licor en el vaso, con todo el hielo casi sin diluirse.
-He quitado la falda, como sientes admiración por mis piernas y desabrochado la blusa porque te gustan mis senos.
Me acerqué a ella con la intención de besarla, pues aquello para mí era el aviso de que había barra libre para el sexo. Pero ella me hizo una cobra, giró su cabeza y me dijo: -Besos en la boca no por favor, es lo único que no quiero.
Así que comencé a besar su cuello, sus hombro mientras con mis manos deslizaba la blanca blusa hacia abajo, mis labios fueron bajando hasta llegar a su pecho, continué ahora con mi lengua acariciando suavemente y largamente sus pezones primero el derecho y luego el izquierdo.
Los gemidos de Ana, me convencían de que le gustaba, así que seguí adelante. Noté como su pezón se levantaba y me lo metí en la boca mordisqueándolo suavemente y chupando deseando extraerle un néctar que no había.
Ella había cogido mi cabeza entre sus manos, y decía: -sigue, sigue, más…
Mi mano derecha, comenzó a acariciar sus muslos, con un roce suave de la yema de mis dedos. Que piernas más suaves, continué acariciando sus muslos mientras tomaba en mi boca el otro pezón y no notaba como ella apretaba mi cabeza contra su pecho.
La mano continuaba acariciando sus muslos y ella se abría de piernas, subiendo en mis caricias hasta el borde de sus braguitas y bajando hasta casi sus rodillas, varias veces.
Ahora si metí la mano por el borde de la braguita y encontré uno coño totalmente depilado mojado, y rezumando juguito.
-Me dijo: méteme el dedito.
Continúe jugando con su rajita, arriba abajo pero sin meterle los dedos, acaricié su clítoris con movimientos circulares y se puso a gemir, -¡Ah,ah,ah!, baje los dedos por la vagina y ahora si metí dos deditos, en ella.
Cerró sus piernas, apretó con fuerza mi mano, pero ya mis dedos estaban muy adentro y me puse a girarlos dentro de su húmedo, apretado coño, como si de un tornillo erótico se tratase.
En eso que suena el himno de España.
-¡Espera! Coño, es mi padre el que está llamando, tengo que cogerlo si o si.
Mi polla se vino abajo al instante ella aflojó las piernas y tuve que quitar la mano.
Se fue a por su móvil al dormitorio y volvió al sofá hablando con su puñetero, padre ¿qué no puede llamar media hora más tarde?
-Papi, este finde no puedo, tengo curso de formación en la capital
Escuchar la conversación y tenerla desnuda a mi lado, abiertas de piernas. Me produjo mucho morbo y una nueva erección. Así que decidí que su « viejo” no me iba a fastidiar el momento.
Metí mi cabeza entre sus piernas y me puse a lamer su chochito, seguía desbordando sus fluidos, abrió mas sus piernas por lo que seguí adelante, arriba, abajo, adentro, afuera con mi juguetona lengua.
Ella al teléfono, ya solo utilizaba monosílabos:
-No, no, si, no si.
-Que me es imposibleee, no, noo, no, si, si
Además de la lengua metí me dedo índice, en su coñito, no con intención de masturbarla con el sino, para lubricar mi dedo, para luego acercarlo a su ano y acariciárselo. Haciendo pequeños círculos en él y metérselo casi de golpe. Pegó un brinco en el sofá –-Ay.
-No, nada papi, que me he dado un golpe contra la mesa, te dejo chao…
-Cabronazo, que era virgen de ahí.
-¿De verdad, quieres que pare?
-Noo, sigueee cabróoonn, sigueee, masss.
Noté que se corría porque sentí como mi polla era estrujada por su esfínter anal, y en ese momento yo derramé todo mi esperma en su interior. Me quedé quieto dentro de su culo un ratito hasta que mi pene estuvo totalmente flojo.
Se levantó del sofá y se fue.
-¿a dónde vas?- pregunté yo, pero no me contestó.
Regresó con unas toallitas húmedas en la mano y se puso de rodillas a limpiarme la polla. Diciéndome: No creerías que te la iba a chupar, así después de salir de mi culo.
Y comenzó a recorrerme el capullo con la punta de la lengua y a darle mordisquitos a mi ahora flácido pene. Sentí como su lengua y sus labios se adueñaban de ella y esta respondía a las caricias poniéndose nuevamente en pié. Yo tan solo acertaba a acariciar su cabeza, su pelo, mientras Ana arrodillada seguía esmerándose en esa tremenda mamada.
Se levantó y se sentó a horcajadas sobre mí, metiéndose la polla de un golpe. Mientras decía: Ahora soy una jinete, montada sobre su corcel, y cabalgaré y cabalgaré.
Mientras ella se movía con furia, intensos y violentos movimientos. Yo me moví para llegar a sus pezones e ir chupando, lamiendo, según me permitían sus frenéticos movimientos, sentí sus gemidos, sus suspiros y como se corría dejándose caer sobre su caballito de golpe, toda ella brusca intensa, agotada.
Me quedé un rato un esperando, pero ella parecía haberse quedado exhausta, me giré sujetándola y haciéndola caer sobre el sofá sin quitarla de su húmedo coño.
Se quedó deshecha en el sofá, yo me levanté para ir al baño y me fijo en que su móvil está en funcionamiento, por un momento pensé que había dejado abierta la conversación su viejo. Pero no, la muy cabrita estaba grabando todo lo que pasaba en el sofá.
Cogí su móvil y la enfoqué a ella ahí deshilachada en el sofá, tan desvalida y luego cerré la grabación. Y me puse a chismorrear en su móvil, la muy bandida no había recibido ninguna llamada, sino que había puesto una alarma con música, y aprovechó para filmar.
Me reenvié el archivo a mi teléfono, y borré del de Ana el video, y los datos de enviar, y lo puse a filmar bocabajo como si se le hubieses caído.
Más de mil veces debí revisar ese video de sexo en ese sofá.
Ana a los tres días se mudó a la capital, Santiago . Su novio hizo las paces con ella. De cuando en vez quedamos para tomar una copa y aliviarnos las tensiones, nunca le he comentado nada del video, que mantengo para mi uso personal, compartirlo sería indecoroso, indecente y está penado con cárcel.

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